No quiero dormir solo Hei yan quan Tsai Ming Liang, 2006
El nuevo Tsai Ming Liang. Una nueva ración de silencios, canciones tontas, deseos reprimidos, catástrofes naturales; todo ello ambientado esta vez en Malasia, país del que procede el director. Son los ingredientes de todas sus películas (y pocos más los usan: si te ha gustado “No quiero dormir solo”, la imdb te recomienda… otras de Tsai Ming Liang). Pero vuelve a conseguirlo: primero interesar y finalmente emocionar. Y eso que la empecé a ver un tanto desganado.
Todos los que piensen que el cine tiene que ser por narices diversión y entretenimiento, que ni se acerquen a esta película. O a mí.
Elink (versión original con subtítulos incrustados en inglés)
El sabor de la sandía Tian bian yi duo yun Tsai Ming-Liang, 2005
Tras un parón trufado de inconveniencias varias (un disco duro externo que se estropea, mucho trabajo, una compañía telefónica cuyos responsables DEBEN morir...) intentamos volver a la carga. Aunque esta película ya la había visto hace tiempo, un visionado reciente me ha recordado lo genial que es este director. He visto (creo) casi todos sus largos y absolutamente todos me encantan. Quizás éste no sea mi favorito; puede que el impacto inicial y el factor sorpresa de descubrir a Tsai Ming-Liang con “El río”, “El agujero” y “¿Qué hora es allí ahora?” se redujese a medida que fui viendo más películas suyas. Da igual: sigue siendo mi director contemporáneo favorito (con el permiso de Tarantino y de Harmony Korine).
Y es que no hay nada como esas escenas silenciosas (en sus películas apenas hay diálogos) pero que transmiten muchísimas más cosas que tantas cintas llenas de palabrería que no lleva a ningún lado. Tampoco se me ocurre ningún otro cineasta tan absolutamente moderno (moderno en el sentido de innovar, no de “seguir los patrones de la moda”) y a la vez tan alejado de la vacuidad y de las excentricidades gratuitas del “cine de autor” de hoy en día. Es un genio, y yo esta palabra la uso poquísimo.
También me encanta que sus historias (por muy retorcidas que resulten) sean totalmente comprensibles para un occidental, y que sirvan para demostrar que por muy alejada que nos resulte una cultura, en el fondo todos los seres humanos nos parecemos un montón y nos alegramos y sufrimos por las mismas cosas.
Para colmo, es un director muy prolífico. A ver qué tal su nueva película; el título en inglés es algo así como “No quiero dormir solo”. Claro que la peli que nos ocupa se llamaba originalmente “La nube caprichosa” y ya veis cómo nos ha llegado. Bueno, al menos ha llegado.
“El sabor de la sandía” no es mi película favorita de Tsai Ming-Liang, pero no deja de ser fantástica. En manos de cualquier otra persona, la (alucinante) escena final sería algo infumable o ridiculísimo, pero él lo borda. Y además, ¡qué cartel tan bonito! (el original, porque el de la versión occidental es mucho más normalito).
Dos de las películas de Tsai Ming-Liang (“El agujero” y ésta) cuentan con la particularidad de incluir números musicales bastante surrealistas que apenas guardan relación con la trama de la película. Éste es bastante impactante, aunque la canción sea un dolor.