Philippe Garrel, Portrait d'un artiste Françoise Etchegaray, 1998 48 minutos
En esta entrevista para televisión de la serie “Cinema de notre temps”, Philippe Garrel habla de su trayectoria, de los motivos que le impulsan a dirigir películas, de los numerosos contratiempos que se ha encontrado para sacarlas adelante, de su relación con sus musas Nico y Jean Seberg (en concreto, del rodaje de “Las altas soledades”)... Me esperaba a un Garrel engolado e ininteligible, pero es justo lo contrario: se muestra muy humilde y se explica con claridad. La charla se ilustra con muchas imágenes de sus películas: atención a las deslumbrantes imágenes de “Athanor”, film muy difícil de encontrar. Además, los subtítulos en español son impecables. Un documental imprescindible para los fans de Garrel y una estupenda introducción para el que sienta curiosidad pero todavía no se haya atrevido con uno de los realizadores más personales e insobornablemente independientes del siglo XX.
Las altas soledades Les hautes solitudes Philippe Garrel, 1974 80 minutos
Todo acaba apareciendo en emule: incluso las películas más recónditas de Philippe Garrel. “Las altas soledades” (maravilloso título) pertenece a la cosecha pre-“El hijo secreto” del cineasta francés, al igual que “La cuna de cristal”, ya comentada en este blog. De nuevo, la copia disponible está muy lejos de ser perfecta... pero también es la única opción de poder ver esta película, salvo en algún pase muy esporádico de la Filmoteca o un festival de cine.
“Las altas soledades” es un retrato de Jean Seberg, uno de los rostros más bellos del séptimo arte, convertido en icono inmortal gracias a Godard y su “Al final de la escapada”. Desafortunadamente, fue uno de los pocos éxitos que Jean cosechó en la gran pantalla. A comienzos de los 70, se vio envuelta en una truculenta historia que ni el mejor de los guionistas podría haber imaginado: el apoyo que la actriz prestó al movimiento político afroamericano Panteras Negras tuvo como consecuencia que el FBI difundiese un malévolo rumor: el hijo que estaba esperando Jean Seberg era de uno de los líderes de los Panteras Negras. Tras sufrir un aborto, Jean decidió despejar toda duda en una rueda de prensa, exhibiendo el cadáver del bebé (blanco) en un ataúd de cristal. La pérdida de este bebé la sumió en una larga depresión: intentó suicidarse varias veces, y finalmente lo consiguió en 1979.
¿Dónde reside la magia de “Las altas soledades”? Es muda (por lo visto, así lo quiso la propia Jean), en blanco y negro, sin argumento, casi exclusivamente compuesta a partir de primeros planos de la actriz sonriendo, probándose un sombrero, durmiendo, llorando desesperadamente...
No lo sé. Supongo que en la tristeza salvaje de Jean Seberg, en sus mohines, alternando sonrisas sinceras y muecas de resignación; a veces mira a la cámara de una forma tan desapasionada, transmite tanto cansancio por la vida, que asusta. Y lo peor es que, probablemente, en esta ocasión no estaba interpretando ningún papel.
También podemos admirar el rostro anguloso de Laurent Terzieff, habitual de la primera época de Garrel, que compaginaba con el cine comercial (por ejemplo, protagonizó “La prisionera” de Henri-Georges Clouzot) o la mirada vampírica de Tina Aumont, otra actriz de vida desgraciada y final prematuro, figura de culto para los amantes del giallo y el cine erótico de los setenta. Y por supuesto, también está Nico, musa y compañera de Garrel: las imágenes de la cubierta de su álbum “The end” son fotogramas de esta película.
L'Intégrale Zouzou Modelo, actriz, cantante, novia de Brian Jones de los Rolling Stones... La vida de Zouzou parece sacada de un hipotético manual de “Cómo convertirse en un icono de los sesenta” al estilo Eddie Sedgwick. Su vida está repleta de luces y sombras, de subidas y bajadas vertiginosas: pasó de ser fotografiada por Helmut Newton o Richard Avedon o de codearse con Dylan y Warhol a vender el equivalente francés de “La farola” en el metro parisino. Pero al menos consiguió sobrevivir, y en esta última década ha vuelto a la actualidad por medio de autobiografías, documentales sobre su vida y recopilaciones de sus canciones.
Seguramente el punto álgido de la carrera cinematográfica de Zouzou es “El amor después del mediodía” de Eric Rohmer, donde tiene uno de los papeles protagonistas. Pero tampoco hay que olvidar sus escarceos con el underground: fue la musa pre-Nico de Philippe Garrel (Marie pour la memoire, El lecho de la virgen, La concentración).
Zouzou también hizo sus pinitos como cantante. Creo que nunca llegó a grabar un álbum entero; tan solo una serie de EPs dispersos en los que la arroparon Jacques Dutronc y Donovan entre otros y que se recopilan en este álbum.
La cuna de cristal Le berceau de cristal Philippe Garrel, 1976
“Para mí, un plató ideal estaría simplemente formado por artistas: actores y un cineasta (...). Puedo hacer un film mudo enteramente solo. Godard dice que siempre es el productor el que hace estupideces, pero yo digo que siempre son los técnicos” (Philippe Garrel, 1978. Extraído del libro “Philippe Garrel: el cine revelado”, coordinado por Quim Casas).
“La cuna de cristal” pertenece a la época más oscura de Garrel, en la que rodaba con unos medios paupérrimos (con cinta caducada y sin ningún tipo de ayuda: tan solo él, los actores y una cámara). Normalmente, dichos actores eran familiares, amigos y su compañera sentimental durante casi toda la década de los setenta: Nico, la gélida musa de Warhol, que tras su paso fugaz por The Velvet Underground inició una carrera como cantante solista de una belleza críptica y solemne; la banda sonora perfecta para las películas de Garrel.
En “La cuna de cristal” no hay argumento, no hay diálogos, tan solo la música psicodélica y ululante del grupo alemán Ash Ra Tempel, que en ocasiones deja paso a la voz desnuda de Nico, recitando letras de canciones que publicaría varios años después en su álbum “Drama of exile”. Y, lo más impresionante, hay silencios que ponen la piel de gallina, ensuciados por las rayaduras y el mal estado de la banda sonora, acompañando a la perfección a las lúgubres imágenes.
Son imágenes estáticas, oscuras (Garrel utilizó velas como única iluminación en varias secuencias), vampíricas: es la clase de película que Will More filmaba en “Arrebato”, sustituyendo las secuencias a cámara rápida por la lentitud más exasperante pero también la más bella: en ocasiones parece que estamos viendo cuadros vivientes más que una película.
Con la estupenda "El hijo secreto" (1982) Garrel comenzaría una nueva etapa de su carrera mucho más convencional (aunque conservando en gran parte la austeridad y el ritmo pausado de sus películas anteriores). Así, Garrel obtendría por fin el reconocimiento merecido, pero no siempre consiguió superar el magnetismo salvaje de estas joyas de sus comienzos.
La copia que ha aparecido en emule procede de un vhs antediluviano (incluso aparece un molesto contador en la parte inferior de la pantalla durante toda la película), pero hoy por hoy es la única de forma de verla (salvo en ciclos especiales como los que el festival de San Sebastián o la Filmoteca de Madrid dedicaron a Garrel hace unos años).
El nacimiento del amor La naissance de l'amour Philippe Garrel, 2003
Philippe Garrel no es un cineasta “para todo el mundo”. Sus películas son lentas, silenciosas, a ratos muy exasperantes, otras veces terriblemente bonitas. Garrel pertenece a la generación “post-nouvelle vague”, llevando los postulados de sus mentores un paso (o varios) más allá. Puede presumir de tener una de las carreras cinematográficas más insobornablemente consecuentes y alejadas del cine estándar. En los 70 alcanzó cierta fama underground gracias a sus películas protagonizadas por Nico, pareja del director durante buena parte de dicha década y musa de Sedmikrasky (aunque no precisamente por sus dotes como actriz, porque era más bien terrible).
Tras películas tan crípticas e impenetrables como “El lecho de la virgen” o “La cicatriz interior” (siempre bordeando la peligrosa frontera entre lo ridículo y lo sublime), Garrel fue evolucionando hacia un cine más convencional, pero tampoco es que se convirtiese en Luc Besson precisamente. Creo que “El nacimiento del amor” es la más asequible de todas las obras que he visto de Garrel. El ritmo pausado, los silencios y la (preciosa) fotografía en blanco y negro siguen ahí, pero van acompañados de un argumento comprensible. Los personajes parecen personas de carne y hueso, y no fantasmas que vagan por la pantalla sin rumbo fijo.
Apartado de curiosidades: el protagonista de “El nacimiento del amor” es un demacrado Lou Castel, que tres décadas atrás estaba imponente interpretando a un director de cine al borde de un ataque de nervios en “Atención a esa prostituta tan querida” de Fassbinder; repasando su bio/filmografía en la imdb (cosa que me encanta hacer después de ver una película), descubro cosas tan asombrosas como que Castel nació en Bogotá o que interviene en... ¡“Cambio de sexo” de Vicente Aranda!
Algo que me ha llamado la atención es cómo puede verse alterada nuestra percepción de una película en función del estado de ánimo en el que la veamos. Había intentado ver “El nacimiento del amor” hace muchos meses, y la dejé a la mitad bastante aburrido. Hoy por la tarde me pareció buen momento para retomarla, y me encantó. Esto me ha pasado con muchas películas, y ya me hace dudar de si realmente las impresiones (positivas o negativas) que guardo de ellas tienen más que ver con las películas en sí o con mi disposición, humor, etc, en el momento de verlas. Quién sabe.