Adaptación cinematográfica de la novela más famosa de Flannery O’Connor, dirigida por John Huston. Aunque en esta ocasión firma como Jhon: para darle un toque infantil a los créditos de la cinta, se decidió que fuese un niño de verdad el que los crease y se conservó la errata para que no perdiesen autenticidad.
De una novela excelente no siempre surge una película excelente. Por ejemplo, me viene a la mente “El mago” de Guy Green: un reparto de lo más interesante -Michael Caine, Anthony Quinn, Candice Bergen y Anna Karina- pero una versión un tanto aguada de la misteriosa novela de John Fowles.
Me esperaba algo parecido de “Sangre sabia”, que en su día fue un fracaso de taquilla y suele aparecer entre la lista de obras “malditas” de Huston. Pero nunca hay que fiarse de las apariencias: es una película estupenda. Por algo el autor de “El tesoro de Sierra Madre” o “La reina de África” la incluía entre sus favoritas.
Huston recrea con precisión esa América profunda de la novela: toda una galería de fanáticos religiosos, estafadores y tarados, en la que hasta el más disparatado de los personajes acaba resultando simpático gracias al cariño que su autora ponía en todas sus criaturas. En eso me recuerda un poco a John Waters (gran admirador de O’Connor), que siempre retrata a sus monstruos con más ternura que desprecio.
Un personaje tan excéntrico y alucinado como el predicador Hazel Motes requería un actor excepcional, y Brad Dourif da la talla en todo momento. Increíble que Dourif no sea más conocido; trágico que su trabajo más famoso sea... poner voz a Chucky , el muñeco asesino.
enlaces de descarga aquí (versión original en inglés con subtítulos en castellano)
“Mi generación fue muy afortunada. Robar era políticamente correcto, los disturbios eran una forma genial de conocer gente, la peor enfermedad sexual que existía era la sarna y ser pobre era algo elegante. Nadie trabajaba en exceso, hacer autostop era muy fácil, y podías hacer una película por cuatro duros con tus amigos de protagonistas, promocionándola con el boca a boca.” John Waters, Shock Value.
“Multiple Maniacs”, el segundo largometraje de John Waters y el primero con diálogos (la banda sonora de su primer largo, “Mondo Trasho”, se componía únicamente de música), es una película muy difícil de encontrar. Nunca se ha publicado en DVD en Estados Unidos; ni mucho menos en España, donde las obras maestras de este director (“Pink Flamingos”, “Female Trouble”) continúan inéditas en este formato.
Puede que esto se deba al salvajísimo anticlericalismo que destila la cinta. Contiene algunas de las imágenes más sacrílegas y ofensivas que jamás haya rodado el cineasta, y eso es mucho decir teniendo en cuenta de quién estamos hablando. Puede epatar incluso a un no-cristiano no-practicante como yo, así que avisados quedáis.
El argumento: Lady Divine y su novio, el Sr. David, dirigen un espectáculo llamado “La cabalgata de la perversión”: un freak-show en el que se muestran toda clase de excesos contranatura, pero que en realidad es un señuelo para atracar y asesinar a sus visitantes. El Sr. David, harto del mal genio de Lady Divine, planea asesinarla con la ayuda de su amante. Pero Lady Divine, tras una indescriptible experiencia religiosa, se entera del complot y decide pasar a la acción…
A destacar el genial trabajo de algunos de los actores (los habituales de la primera época de Waters). Aparte de Divine (que, como no podía ser de otra forma, está colosal) siento especial predilección por el personaje de Mary Vivian Pierce, la Jean Harlow de Dreamland: una “coprófaga gerontofílica que practica el autoerotismo”, obsesionada con “hacer el acto” con el Sr. David. Además, en "Multiple Maniacs" debutaron Edith Massey (haciendo, entre otras cosas, de... ¡la Virgen María!) y la simpatiquísima Cookie Mueller (futura camella de Fassbinder, ahí es ná).
“Multiple Maniacs” está muy lejos de ser una película perfecta. Además de contar con una paupérrima factura técnica (aunque el uso del blanco y negro puede darle un toque casi “arty” en ocasiones), algunas escenas se alargan en exceso y los diálogos no son tan ingeniosos como en posteriores obras de Waters. Con todo, es estupenda y merece ser mucho más conocida.
Por eso me he animado a crear unos subtítulos para la versión en divx que viene circulando por emule desde hace años. Primero creé unos subtítulos en inglés (a partir de la versión impresa del guión, publicada en el libro de la editorial Thunder’s Mouth Press), y luego los traduje intentando preservar el humor irreverente y deslenguado del original. Un indigesto pero divertidísimo cóctel en el que conviven Sharon Tate, Jesucristo, los Weathermen, el Santo Niño de Praga y Lobstora, la langosta gigante.
Sedmikrasky se adentra en las procelosas aguas del camp. Hablo de esas películas "tan malas que resultan ser buenas" y que, en la mayor parte de los casos, son… malas sin más. En fin, que no soy muy fan del “género”, si es que se le puede llamar así. Con “Queridísima mamá” me pasa algo curioso: confieso que me pareció muy disfrutable, entretenida y -por momentos- tronchante. Pero en cierta forma me ha decepcionado un poco: no es tan mala como esperaba. Curioso esto de que una película te decepcione “para bien”.
“Queridísima mamá” es un biopic sobre Joan Crawford, femme fatale bigger-than-life que nos dejó para la posteridad interpretaciones inolvidables en “Johnny Guitar”, “Alma en suplicio” o “¿Qué fue de Baby Jane?”. Pero también se labró una fama de personalidad intratable y volcánica fuera de la pantalla, algo a lo que sin duda ayudó mucho la biografía de su hija adoptiva Christina Crawford, en la que se basa esta película.
Si tenemos que creer lo que se cuenta en “Queridísima mamá” (y, para que nos vamos a engañar, QUEREMOS creerlo), la Crawford era una persona insoportable, caprichosa, competitiva hasta extremos enfermizos, maniática de la limpieza y con un mal café de no te menees. Para colmo, la infancia de Christinita coincidió con el comienzo del declive de la estrella, motivo por el que mamá solía llegar a casa bastante… alterada, y la niña terminaba pagando el pato.
La protagonista es Faye Dunaway, que, la mayor parte del tiempo, está inconmensurable. No es que interprete a la Crawford. Es que, en ocasiones, ES la Crawford. Por desgracia, las críticas de la época no lo supieron ver así, y fueron tan feroces que casi acaban con la carrera de Faye (que, años más tarde, lamentaría profundamente haber aceptado el papel). Es cierto que hay escenas un poco… “over-the-top”, pero en todo caso la culpa habría que echársela a los guionistas: la Dunaway lo único que hace es lanzarse sobre el papel con una voracidad y una entrega admirables.
Y sí, por momentos te partes de risa, algo que ha convertido a “Queridísima mamá” en objeto de culto en Estados Unidos. Una de las escenas más celebradas tiene que ver con el descubrimiento por parte de la Crawford de que su hija cuelga sus vestiditos en perchas de alambre, objeto prohibídisimo en casa de la diva (por lo visto, la ropa hay que colgarla en perchas de madera). La estampa de la Dunaway fuera de sí (y con la cara cubierta por una mascarilla hidratante, para potenciar el efecto cómico-terrorífico) gritando “Noooooo wireeeee hangeeeeeeers!” es, efectivamente, de antología. Y la escena continúa en el baño, alcanzando unos extremos de delirio muy notables.
Sí que tiene que ser popular la escenita, porque en youtube circulan varias parodias de la misma. En general, las parodias no me suelen hacer nada de gracia, pero ésta es muy disfrutable (siempre que hayáis visto la escena original, claro). Por alguna razón, los protagonistas de la parodia son niños. ¡Menudos padres tendrán!
Os recomiendo esta película bajo vuestra cuenta y riesgo. Insisto en que no es ni tan mala ni tan divertida. Por momentos se parece más a un telefilme que al tipo de cine que suele aparecer en este blog; pero los admiradores de la Crawford y los que gusten del humor salvaje á la John Waters (que, por cierto, realiza un audiocomentario en el DVD americano de la película) seguro que se lo pasan en grande con alguna de sus escenas. Eso sí, esta vez no hay elink (solo la he encontrado en versión original sin subtítulos) pero está publicada en DVD en España.
Así se leería el título de este blog en Pig Latin, una especie de trabalenguas-juego inglés que consiste (a groso modo) en coger la primera letra de cada palabra, ponerla al final y añadirle "-ey". No es tan sencillo, las reglas completas están aquí. Sí, es una soberana tontería. Pero tiene gracia.
El Pig Latin se ha asomado alguna que otra vez a la pantalla grande. Mi momento favorito está protagonizado por Ginger Rogers en el comienzo de "Vampiresas 1933" ("Gold Diggers of 1933") de Melvyn LeRoy, otra de las películas para las que el genio Busby Berkeley creó ditirámbicas coreografías. En ésta, una jovencísima Ginger Rogers canta el tema "We're in the money" y todo transcurre con normalidad hasta que, hacia el final de la canción, la muchacha decide cantar toda una estrofa en Pig Latin, con lo que el ritmo de la canción se estira y se estira... pero ella, toda una profesional, mantiene el tipo de forma admirable. Y además, en un primerísimo primer plano. Por lo visto, Ginger se entretenía en los ensayos cantando la estrofa de esta guisa, y alguien pensó que sería buena idea incorporarla a la escena final. El resultado:
John Waters también usa el Pig Latin en "Pink Flamingos", haciendo a sus protagonistas cantar la frase "Somos la familia más inmunda del mundo". La escena se eliminó del metraje final, pero apareció de extra en el DVD:
Por cierto, "Vampiresas 1933" está publicada en DVD en España, y viene repleto de extras; entre ellos -si se ha respetado la versión original americana del DVD- alguna que otra aportación de Mr. Waters himself.
En el umbral de la vida Nära livet Ingmar Bergman, 1958
Descubrí esta película gracias a John Waters, que la cita entre sus favoritas en el capítulo "Placeres ocultos" de su libro "Majareta" (Crackpot). En él, Waters glosa sus películas favoritas de "arte y ensayo" (obras de Fassbinder, Pasolini, Bresson o cosas tan ignotas e interesantes como la "Mademoiselle" de Tony Richardson con guión de Marguerite Duras y Jean Genet); además, propone evitar el tono engolado, impenetrable y un tanto repelente que muchos críticos suelen utilizar para escribir sobre este tipo de cine; algo que yo sigo a pies juntillas, porque creo que ese estilo crítico solo sirve para hacer que estas películas parezcan mucho más inaccesibles de lo que en realidad son; y de todas formas, tampoco sé escribir de otra manera.
En fin, "En el umbral de la vida" no está entra las películas más recordadas de Bergman; quizás porque se rodó justo después de "El séptimo sello" y "Fresas salvajes", y es bastante más sencilla y minimalista que éstas, pero no por ello menos magistral. Vamos, que está bastante lejos de ser "un Bergman menor".
Toda la acción se desarrolla en un hospital, en el que varias mujeres están a punto de dar a luz. En la película se tratan de forma muy natural temas un tanto arriesgados para la época (¡1958!), como los embarazos no deseados, los abortos, las madres solteras... Suecia siempre ha sido un país muy avanzado para estas cosas, pero te entran escalofríos al comparar "En el umbral de la vida" con las películas españolas de esa misma época, en las que no se podía ni enseñar un tobillo.
En el reparto, dos actrices habituales de Bergman: Bibi Andersson (jovencísima) y la siempre enigmática Ingrid Thulin; ambas estupendas, como no podía ser de otra forma.
La copia de emule deja un poco que desear: un ripeado de un viejo vhs, con subtítulos en inglés y algo de ruido de fondo. Pero la película en sí (con esa sobriedad tan teatral y esas actrices tan maravillosas) merece muchísimo la pena; y además creo que no está publicada en DVD. Así que a por ella, bergmanófilos de pro.
Elink (versión original en sueco con subtítulos en inglés)
Un estupendo artículo publicado en Radar (suplemento cultural del periódico argentino Página 12) en el que nuestro manchego más internacional (bla, bla, bla) nos habla de sus películas favoritas y de cómo éstas han influido en su filmografía.
Esta entrada no es para celebrar la nominación de Pe (que en mi opinión, está horripilante en “Volver”, un refrito muy pobre de momentos pasados de la carrera de Pedro). Lo que me ha llamado la atención es que en la lista hay muchas películas que me encantan y que no me imaginaba encontrar en el altar cinéfilo de Almodóvar: ¿Quién eres tú, Polly Maggoo?, El fotógrafo del pánico, Celine y Julie van en barco, Las mujeres de George Cukor... También habla de otras cintas no menos estupendas pero más previsibles: Pink Flamingos, Johnny Guitar, Noche de estreno, Eva al desnudo...
Y en fin, que aunque para mi gusto Almodóvar no ha hecho nada interesante desde “Átame”, gracias a joyas como Mujeres al borde de un ataque de nervios, La ley del deseo, ¿Qué hecho yo...? y Pepi, Luci, Bom... se tiene ganado el puesto vitalicio de director español favorito de este humilde escriba.
“Pink Flamingos and other filth” (Thunder’s mouth Press, anteriormente publicado como “Trash trio”) recoge tres guiones del siempre genial John Waters: Pink Flamingos, su obra cumbre; Desperate living, una de sus películas menos conocidas pero muy recomendable; y Flamingos Forever, una secuela de Pink Flamingos que jamás se llegó a realizar.
Un pequeño extracto de Flamingos Forever. Vera Venninger es la nueva archienemiga de Divine, empeñada en arrebatarle el título de la “persona más repugnante del mundo”. Y desde luego hace méritos para ello; entre otras lindezas, tiene secuestrados a un grupo de niños a los que somete a un régimen que haría las delicias de la plataforma “Hazte oír”. Plano de Tracy y Jimmy, dos niños de siete años con aspecto de zombi, acurrucados en colchonetas sucias en el suelo. Llevan uniformes de colegio raídos y hechos jirones.
VERA: Buenas tardes, mis pequeños y asquerosos niños.
TRACY y JIMMY (en tono sumiso): Buenas tardes, señora Venninger.
TRACY: Señora Venninger, me encuentro mal.
JIMMY: Es por esa cosa que nos inyecta.
VERA: ¡Ya os he dicho que todos los niños toman heroína, y que a todos les encanta! ¿Es que no apreciáis lo que hago por vosotros? Os dejo comer todos los caramelos que queráis.
JIMMY: Me duelen los dientes.
TRACY: Quiero ir al dentista.
VERA: No tenéis que bañaros, y os he prohibido lavaros detrás de las orejas.
TRACY: ¡Pero me pica todo!
JIMMY: ¡Huelo mal!
TRACY: Quiero volver a catequesis.
VERA: Quejas, quejas, quejas. Llevo treinta segundos en esta habitación, y ninguno ha encendido un cigarrillo todavía.
Obedientemente, Tracy y Jimmy sacan cigarrillos y se los fuman, tosiendo.
TRACY: ¡Vamos a enfermar de cáncer!
VERA: Aspira el humo, Tracy. Que llegue al fondo de tus pulmones. ¡Venga, Jimmy! ¡Mata ese cigarrillo!
Los dos niños inhalan con fuerza el humo y tosen.
VERA: ¡Eso está mejor! Bueno, niños; hoy es el gran día. Una gran admiradora mía, que se piensa que soy lo mejor de lo mejor, viene a visitarnos. Tenía pensado presumir de vosotros. ¡Os recomiendo que os portéis lo peor posible!
JIMMY: Haremos lo que quiera, señora Venninger. Pero ¿podremos volver a casa luego?
TRACY: ¡No le diremos a nadie que nos raptó!
VERA: ¡Ya os he dicho que no me deis la lata con lo de volver a casa! Como sigáis con vuestros lloriqueos, os vais a enterar de lo que es tener el mono.
JIMMY: (temblando) ¿Qué es tener el mono?
TRACY: (Optimista) ¿Vamos a tener una mascota? (Llorando) ¡Quiero que venga mi mamá!
VERA: (sacando una jeringuilla) Aquí está tu mamá, Tracy.
TRACY: ¡No! ¡Otra inyección no, por favor!
VERA: (Acercándose a Tracy e imitando la voz de la niña) Otra vez nooo, quiero a mi mamá.
JIMMY: (con los ojos encendidos) Yo primero, señora Venninger. Démelo a mí primero, por favor.