"Me gusta esperar a la puerta por la persona que llega, para que no se encuentre con una puerta cerrada."
"La razón por la que mucha gente recuerda su infancia como el mejor momento de su vida es porque una página en blanco es más bonita que otra llena de deseos incumplidos."
"Un ataque de histeria es como un orgasmo, es bueno para la salud."
"Nunca me sobrepuse a mis divorcios. Para mí no hay nada más solitario que un asiento de retrete siempre bajado."
"Nunca he querido ser un hombre. Siempre me he sentido una mujer y he querido triunfar como tal, en lo personal y en lo profesional. Hay quien ha dicho que siento envidia de pene; en todo caso, admiración de pene."
Las citas son de "The Girl Who Walked Home Alone", de Charlotte Chandler
Un lugar en la cumbre Room at the top Jack Clayton, 1959 Reconozco que la belleza me puede: un factor determinante para que me guste una película es que sus protagonistas me parezcan guapos o sexys. Obviamente no es el único criterio que manejo, pero admito que pesa bastante. Supongo que sonará un poco frívolo (me han dejado algún comentario criticándome por ello) pero es lo que hay. Si alguien se siente ofendido, le invito a que deje de leer inmediatamente y visite otra página de cine más rigurosa. ¡Será por blogs!
En fin, este buscador de la belleza se topó un buen día con “Un lugar en la cumbre” y sus expectativas quedaron más que cubiertas: Laurence Harvey está cañón; resplandece tanto que casi hay que ponerse gafas de sol para mirar a la pantalla. Y qué decir de la fascinante Simone Signoret: interpreta a una mujer madura pero cualquiera puede entender que el personaje de Harvey se cuele hasta los huesos por ella y no por la otra fémina del elenco (Heather Seathers), mucho más joven pero bastante sosa.
Pero la belleza de sus actores es solo la guinda del pastel: es una película maravillosa. Una historia de ambición, de choques de clases sociales, de arrebatados encuentros a escondidas. Signoret ganó un muy merecido Óscar por su interpretación, y la película cosechó un gran éxito en Estados Unidos. El director es el británico Jack Clayton: su mayor éxito fue “Los inocentes”, aunque mi favorita suya es la deliciosa “A las nueve cada noche”.
En resumen, que "Un lugar en la cumbre" me gusta tanto que le daría un diez aunque sus protagonistas tuviesen un ojo colgando.
Mister Lonely Harmony Korine, 2007 “Un día pensé: ¿Por qué no hacer películas compuestas únicamente por escenas geniales? Casi siempre desperdicias 45 minutos en llegar a un punto realmente interesante, y después pierdes otros 30 minutos en abandonar ese punto. Todo se centra en llegar a ese momento. ¿Por qué no hacer películas solo con momentos así?”Harmony Korine (entrevista)
Harmony Korine hace películas así: llenas de grandes momentos. A veces el argumento parece solo una excusa sobre la que montar secuencias que no aportan prácticamente nada a la trama, pero que casi siempre resultan preciosas, divertidas, o ambas cosas a la vez.
Para mí, que detesto el “cine indie americano” (cansino, repelente, con pretensiones de transgredir pero tan obvio que a la postre resulta casi más inofensivo que el mainstream), fue toda una sorpresa encontrarme a finales de los noventa con “Gummo” y “Julien Donkey Boy”, las dos primeras obras de Korine: dos maravillosos desaguisados en los que lo grotesco y lo hermoso convivían con total naturalidad. Sí, en ocasiones Korine puede acercarse a sus compañeros de generación y regocijarse en el feísmo más desagradable (á laTodd Solondz), pero inmediatamente corrige su trayectoria para mostrar auténticos festivales de pura poesía visual y sonora: por ejemplo, los últimos veinte minutos de “Julien Donkey Boy” los recuerdo como todo un deleite para los sentidos. En mi opinión, Korine es uno de los mejores cineastas contemporáneos (junto con Quentin Tarantino y Tsai-Ming Liang), y creo que si sigue así terminarán comparándolo con Fellini y no con Solondz.
Tras un largo parón de casi una década, Korine volvió a colocarse tras la cámara y el resultado es “Mister Lonely”, una película con una factura técnica muy superior a sus anteriores obras y una estructura algo más coherente, pero sin perder un ápice de ese “algo” que lo hace tan especial y diferente a los demás.
El argumento, la “excusa” que sirve de punto de partida, es un auténtico bombón: un imitador de Michael Jackson que se gana la vida bailando en las calles de París conoce a una imitadora de Marilyn Monroe, y lo invita a vivir en una comuna de imitadores: allí conocerá a los dobles de Charlie Chaplin, Shirley Temple, Abraham Lincoln, el Papa o la Reina de Inglaterra (¡interpretada por Anita Pallenberg!).
Y a partir de aquí, numerosas secuencias breves, sketches, apuntes de los personajes discutiendo, hablando, cantando, paseando. Son escenas que parecen no conducir a nada, pero que poco a poco van formando un collage agridulce, cercano a lo hipnótico. Los retratos están más cerca de la ternura que de lo grotesco: destaca especialmente el creado por Samantha Morton, una Marilyn casi más sexy y vulnerable que la original. Además, hay una historia paralela absolutamente preciosa de la que prefiero no desvelar nada (aunque el youtube os puede dar una pista), salvo que la protagoniza el gran Werner Herzog. También tiene un papelito Leos Carax; y es que Korine, además de ser genial, tiene muy buen gusto.
¿Qué fue de Tía Alice? What Ever Happened to Aunt Alice? Lee H. Katzin, 1969
“¿Qué fue de Baby Jane?” (Robert Aldrich, 1962), una de las películas más terroríficas, claustrofóbicas y angustiosas de la historia, nos permitió presenciar, con todo lujo de detalles, la espectacular colisión entre dos divas del celuloide: Joan Crawford y Bette Davis, odiándose en la pantalla (casi) tanto como lo hacían fuera de ella. La película no pretendía ser más que una serie B para rescatar del olvido a las dos viejas glorias hollywoodienses, pero su éxito fue tal que pronto surgieron numerosas imitaciones. Ninguna rezumaba tanto veneno ni tanta histeria como la original, pero la mayoría resultaron ser bastante disfrutables.
El mismo Aldrich repitió la fórmula en 1964 con “Canción de cuna para un cadáver”. Otra historia tenebrosa con el tándem volcánico Davis-Crawford de protagonistas, aunque la segunda dijo “Hasta aquí hemos llegado” y fue sustituida por otra grande en decadencia: Olivia De Havilland, que ese mismo año protagonizaría la no menos siniestra “Una mujer atrapada” (Walter Grauman).
Aunque es unos años posterior, “¿Qué fue de Tía Alice?”, con Geraldine Page en el papel estelar, pertenece claramente a este género “post-Baby Jane”: el título es más que elocuente al respecto. Pero hay una gran diferencia: Davis, Crawford y De Havilland estaban finalizando sus carreras cuando se prestaron a rodar estas truculencias, mientras que a Page (bastante más joven que las ya mentadas) todavía le quedaba mucha vida cinematográfica por delante: aún estaban por llegar interpretaciones tan notables como las que nos dejó en “Septiembre” (Woody Allen) o “Regreso a Bountiful” (Peter Masterson).
No me atrevo a decir que “¿Qué fue de Tía Alice?” sea una gran película: puede que hasta resulte demasiado sosita y previsible para ser una buena obra de suspense/terror, pero la Page está colosal y aporta tensión con solo una mirada; para colmo, la réplica se la da Ruth Gordon, la “dulce” abuelita de “La semilla del diablo” o “Harold y Maude”. Solo por ver juntas a estas dos fabulosas actrices ya merece la pena.
El enlace es un dual español/inglés. Por desgracia, no hay subtítulos: creo que el DVD español no los incluye.
Jubilee es una de mis películas favoritas, aunque Derek Jarman me resulta un director ligeramente espeso y nunca he conseguido ver entero ningún otro título suyo.
Jubilee pretendía ser un documento del movimiento punk que acababa de nacer en las Islas Británicas, o al menos del movimiento punk que el director tenía en su cabeza: Jarman no pertenecía a esa generación y puede que la mirase un poco por encima del hombro y con cierto desdén. Como resultado, en la época la película no gustó ni a la clase política conservadora (por considerarla excesivamente amoral) ni a muchos de los integrantes del punk, que la veían como algo completamente fantasioso y alejado de la realidad.
Irreal o no, Jubilee ha terminado convertida en uno de los mejores retratos del punk del 77: por su inmediatez (muestra algo que se estaba produciendo justo entonces y no tres años antes) y porque cuesta encontrar otra película con tantas figuras del movimiento en su reparto, bien en papeles estelares (Jordan, Adam Ant, Toyah Wilcox) o en fugaces cameos (Siouxsie, The Slits, Wayne County).
Pero Jubilee es bastante más que un catálogo de rostros famosos del punk y creo que puede resultar muy disfrutable incluso para los que no tengan especial interés en la música de esa época. Partiendo de una idea de lo más rocambolesca (la Reina Isabel I viaja en el tiempo para conocer la Inglaterra del siglo XX), Jarman nos traslada a un Londres post-nuclear sumido en el caos y la violencia; un mundo en el que “la realidad ha sustituido a la fantasía y el arte; si conviertes tus sueños en realidad, ya no son necesarias las películas, los cuadros o los libros”. Las calles están tomadas por excéntricos pandilleros que roban y asesinan por puro placer, un poco como los drugos de “La naranja mecánica”, película con la que Jubilee tiene mucho en común.
Atención a Jenny Runacre, que está fantástica en su doble papel de reina Isabel y cabecilla de los rebeldes (ha trabajado con directores tan renombrados como Cassavetes y Antonioni). También me gusta mucho Toyah Wilcox: aunque sospecho que su relación con el punk fue más bien anecdótico y que parece una trepa de cuidado (escogió su papel únicamente porque era el que más líneas tenía), está muy convincente haciendo de pirómana enloquecida.
Jubilee es una fantasía caótica, violenta y polisexual, para los que pensaban que ya lo habían visto todo.
Alto, bajo y frágil Haut bas fragile Jacques Rivette, 1995
De nuevo Jacques Rivette en Sedmikrasky; sí, el de las películas de tres horas o más. Esta vez con una de sus mejores obras, inédita en DVD en España.
El creador de Celine y Julie se vuelve a lucir con sus retratos femeninos: una bibliotecaria obsesionada con una canción que le recuerda a los padres que no conoció, una rica heredera que se recupera de un coma de cinco años y una repartidora de paquetes muy bailona y muy amiga de lo ajeno. Personajes que, más que demodé, resultan casi extraterrestres (chicas jóvenes que no tienen televisor en casa; prefieren... ir a clubs de bailes de salón) pero, quizás por ello, son de lo más arrebatador.
También hay documentos comprometedores, timbas clandestinas, guardaespaldas torpes y enamoradizos y mucha música, la principal novedad de “Alto, bajo y frágil”: en determinados momentos, los protagonistas se ponen a cantar y a bailar. Pero no es una película musical, de la misma forma que “Pierrot el loco” no es una road-movie (por cierto, Anna Karina tiene un papelito aquí). Es tan solo un delicioso ingrediente más. En fin, que las tres horas pasan volando.
El único problema que le encuentro a “Alto, bajo y frágil” (y a casi todo lo que he visto de este director) es que, tras esas -dichosas- tres horas de intrigas, enredos y personajes encantadores, el regreso a la rutina puede hacerse un poquito duro. Dan ganas de quedarse a vivir dentro de las películas de Rivette.
Programa doble de nuestro director español favorito. Ya solo por “Arrebato” se merecería ese título. Pero además están sus carteles de cine, sus cortos experimentales, su sentido del humor, su devoción por el Hollywood de los musicales y las starlettes, sus polaroids... Todo lo que ha hecho Zulueta nos gusta. Y si se produce el milagro y sigue haciendo cosas, seguro que también nos gustarán porque lo adoramos.
Por un lado, “Párpados” (o “Par pá dos”), su contribución a la serie de televisión “Delirios de amor” (1989). Casi una década en silencio tras “Arrebato”, pero a Iván todavía le quedaban fuerzas (y sentido del humor, imaginación, y...) para regalarnos esta media hora de juegos sobre dobles, gemelos y mellizos, para acabar de una vez por todas por el rumor de que Eusebio Poncela y Marisa Paredes son la misma persona, para jugar con la letra de “Para ti” de Paraíso, para enamorarnos de los áticos de la Gran Vía, para devolvernos a una Marta Fernández Muro tan parlanchina y encantadora como siempre y para presentarnos a Txupa Mella y Viola Mella, hermanas.
Por otro lado un “Último grito”, el programa que dirigió para el segundo canal de TVE entre 1969 y 1970. La música más avanzada del momento, parodias de películas, encuestas a pie de calle, protovideoclips, el glamour de Hollywood y el underground del momento, todo bien revuelto. Un cóctel inusual para la televisión de entonces, y directamente imposible para la de ahora. Por si esto fuera poco, el programa incluye el corto “La cerillera huerfanita contra Papá Noel”, con Carmen Santonja de Vainica Doble (para comérsela) en el papel estelar de huerfanita sin recursos que decide convertirse en estrella pop para vencer a Santa Claus en popularidad.
Más allá del bosque Beyond the forest King Vidor, 1949
Rosa Moline vive en Loyalton, un pueblecito apacible que detesta con todas sus fuerzas (“la única persona buena de este lugar es el sepulturero”). A ella lo que le gustaría es mudarse a Chicago, alojarse en lujosos hoteles y estar todo el día de compras. Se siente atrapada en su matrimonio con el médico del pueblo, odia a todo el mundo (especialmente a su sirvienta cherokee) y está a dispuesta a lo que sea (LO QUE SEA) con tal que las cosas cambien.
Rosa Moline es un personaje tan oscuro y negativo que los productores de la película vieron conveniente justificar su presencia en una introducción que ya nos prepara para lo peor: “Esta es una historia sobre el mal. El mal es testarudo, está henchido de soberbia. Por el bien de nuestras almas es necesario que lo contemplemos en su repugnante desnudez”.
Quién mejor para interpretar a Rosa Moline que Bette Davis, actriz de personalidad volcánica, ojos gigantescos y una colección de citas célebres de lo más apañada (mi favorita: “El rodaje va bien salvo por un detalle: hay una zorra en el reparto”). Por desgracia, la película obtuvo unas críticas desastrosas que hicieron especial hincapié en que quizás Bette estaba un poco mayor para interpretar a la Moline. “Más allá del bosque” ha quedado para la historia como uno de los grandes fracasos de la actriz, del que se resarciría ipso facto cambiando de estudio y triunfando por todo lo alto con “Eva al desnudo”.
Salvo por alguna incoherencia del guión, no entiendo el aura de película desastrosa y camp (“tan mala que es buena”) que arrastra “Más allá del bosque”. Puede que el quid de la cuestión esté en diferencias culturales que se me escapan, las mismas que hacen de “El valle de las muñecas” una película divertidísima para un angloparlante y una memez sin la más mínima gracia para el resto de los mortales. Por ejemplo, aquí hay una escena en la que Bette dice “¡Qué basurero!” al entrar en una habitación un tanto desordenada. ¿Os parece gracioso? Pues la frase se hizo tan popular que incluso Edward Albee se burló de ella en los diálogos de “¿Quién teme a Virginia Woolf?”.
En fin, a mí me parece una película estupenda que sorprende por ese tono negro-negrísimo nada habitual para su época, y por dejarnos para la posteridad a uno de los personajes más delirantemente venenosos de la historia del cine.
Y de lo más moderno a lo más clásico. Aunque los diálogos de “Damas del teatro” (afilados, crueles, divertidísimos) también derrochan modernidad y atrevimiento.
La pasaron por Televisión Española en junio de 2003, con motivo del fallecimiento de Katharine Hepburn, su protagonista. No soy un gran seguidor de las comedias clásicas, pero me bastaron cinco minutos para quedarme prendado de la película, sobre todo por ese humor deslenguado (“Bonito abrigo de conejo. ¡Qué desprendidas son esas criaturas! Mira que dar su vida para abrigar a otros animales.”) y por lo bien que están la Hepburn y Ginger Rogers, esta vez dejando a un lado sus zapatos de baile para regalarnos su irresistible vis cómica.
La película es de Gregory La Cava, director especializado en comedias como “Lecho de rosas” o “Al servicio de las damas”. Es una de las comedias más divertidas que he visto, aunque también tiene momentos muy dramáticos. Una delicia.
Para algunos es una de las peores películas de la historia.
Para otros, una Experiencia.
Comparable a ver por primera vez Pink Flamingos, Arrebato, Eraserhead o Freaks. Una de esas rarezas (una entre un millón) en las que todo parece estar en su contra (presupuesto escaso+guión ambicioso+actores poco dotados+diálogos imposibles) y, milagrosamente, el resultado es excepcional: te deja literalmente pegado en la butaca/sofá con esta estética de flúor, esa música inquietante y extrañísima (pensaba yo que iba a ser tecno-pop ochentero, pero es... otra cosa, sin duda), ese montaje psicotrópico, esa historia de extraterrestres que se alimentan del placer humano... “Cielo líquido” tenía todas las papeletas para ser poco más que un chiste pasado de moda, una serie Z de usar y tirar. Y no: es una maravilla.
Patriotismo, rito de amor y muerte Yûkoku Yukio Mishima, 1966
Cortometraje escrito, dirigido y protagonizado por el afamado escritor japonés Yukio Mishima. No dirigió nada más, aunque si protagonizó alguna que otra película como la interesante "Afraid to die" de Yasuzo Masumura.
"Patriotismo", retrato del suicidio de un militar y de su esposa siguiendo el rito del Harakiri, puede sobrecoger si pensamos que el propio Mishima se suicidaría de idéntica forma pocos años después; puede valorarse como un capricho cinematográfico de un genio de la literatura, o como una simple rareza casi imposible de encontrar, porque tras la muerte de Mishima su mujer ordenó destruir todas las copias de la película.
Pero es TAN BONITA que todo lo anterior sobra.
A la altura de "Un perro andaluz" de Luis Buñuel, "Meshes of the afternoon" de Maya Deren o "Un chant d'amour" de Jean Genet.
(el resto de la película tambíen está en youtube)
Elink (versión original muda con intertítulos en inglés)
Sombre Philippe Grandieux, 1998 “Sombre” llevaba varios meses cogiendo polvo (virtual) en mi carpeta de películas pendientes. Creo que en el fondo le estaba dando largas porque el cine de las últimas décadas casi siempre me deja un mal sabor de boca y la sensación de haber perdido dos (¡o más!) horas de mi precioso tiempo. Pero, por una vez y sin que sirva de excepción, el debut de Philippe Grandieux sí está a la altura de todas las maravillas que se han dicho sobre ella. Es una película especial, única.
Si llama la atención no es tanto por lo que cuenta (un psicópata que se dedica a asesinar mujeres), sino por cómo lo cuenta: tiene un aspecto aparentemente descuidado, en el que abundan las imágenes desenfocadas, temblorosas o (intencionadamente) mal iluminadas. Casi toda la película transcurre en penumbras, creando un ambiente tenebroso y asfixiante, violento, sensualmente enfermizo y, sobre todo, muy original. Tanto que no se me ocurren muchos puntos de referencia. Quizás hay algo de David Lynch, pero creo que cualquier comparación sería hacerle un flaco favor a la inventiva de Grandieux.
Además, el atractivo de “Sombre” no se reduce a su estética: los actores están estupendos (sobre todo Elina Löwensohn; ¡maravillosa!), algo que no suele ser muy habitual en las películas que parecen dar más importancia a la forma que al fondo. Y tiene algunos momentos inolvidables, como una de las escenas de amor (o algo parecido) menos previsibles y más conmovedoras que he visto nunca. Philippe Grandieux solo ha dirigido dos películas: “Sombre” y “La vie nouvelle” (2002), que también ha recibido excelentes críticas. ¿Será tan buena como “Sombre”?
Alemania en otoño Deutschland im Herbst Rainer Werner Fassbinder y otros directores, 1978
“Alemania en otoño” es una película colectiva, firmada por un total de once directores (entre otros, Alexander Kluge o Volker Schlöndorff), estructurada en episodios independientes. Confieso que he visto poco más aparte del episodio de Fassbinder (que, afortunadamente, es el primero). Intenté ir un poco más allá pero creo que para seguir la película hay que tener bastante información (o interés/ganas para buscarla) sobre la época y los hechos que retrata esta película. Y no estoy por la labor, sorry.
¿Y de qué hechos hablamos? De la crisis política que sufrió Alemania a finales de los setenta: la Fracción del Ejército Rojo (RAF), Andreas Baader, Ulrike Meinhof, secuestros, atentados, asesinatos, suicidios (¿o ejecuciones?), crispación política máxima. Fassbinder ya había mostrado interés por hablar de la realidad política de su país (y de paso repartir estopa tanto a la izquierda como a la derecha) en la estupenda “Viaje a la felicidad de mamá Küsters” y volvería a hacerlo en “La tercera generación”, película que aún no he podido ver en condiciones.
Lo curioso del episodio de “Alemania en otoño” de Fassbinder es que sus personajes son el propio director, su guapísimo novio (Armin Meier, cuya vida sí que fue una película; una bien triste) y su madre (Lilo Pempeit, que tiene pequeños papeles en numerosas obras de su hijo). Podría parecer un documental, si no fuese porque todo está claramente interpretado y escenificado, aunque seguramente se basa en situaciones reales.
El hecho que sirve de fondo a la historia (el secuestro de un avión por parte de un grupo terrorista simpatizante de la RAF) parece casi una excusa para que Fassbinder se autorretrate como lo que -probablemente- era: un tirano insoportable y neurótico con un genio de armas tomar. En “Atención a esa prostituta tan querida” ya se pinta un retrato parecido, pero en este caso es el director el que se interpreta a sí mismo y el resultado es más impactante si cabe.
En tan solo media hora Fassbinder encarga cocaína por teléfono, vomita, pega a su novio, discute a gritos con su madre, tira la cocaína por el inodoro por miedo a una redada, le dan unos diez ataques de histeria y aún le queda tiempo para trabajar en el guión de “Berlín Alexanderplatz”. Me impresiona que alguien tenga el valor de mostrar un retrato de sí mismo tan crudo y desfavorecedor, que parece regocijarse en mostrar lo peor de sí mismo. En una escena, Fassbinder aparece desnudo, tocándose sus partes mientras habla por teléfono sobre el secuestro del avión. ¿Qué otro director podría mostrarse en pantalla de esta manera?
“Alemania en otoño” (insisto, no hablo de la película sino únicamente del episodio firmado por Fassbinder), sin ser de lo mejor del director, es una buena forma de hacerse una idea de cómo se las gastaba en la intimidad el genio alemán, y una muestra más de su arrebatadora singularidad como creador.
L'Intégrale Zouzou Modelo, actriz, cantante, novia de Brian Jones de los Rolling Stones... La vida de Zouzou parece sacada de un hipotético manual de “Cómo convertirse en un icono de los sesenta” al estilo Eddie Sedgwick. Su vida está repleta de luces y sombras, de subidas y bajadas vertiginosas: pasó de ser fotografiada por Helmut Newton o Richard Avedon o de codearse con Dylan y Warhol a vender el equivalente francés de “La farola” en el metro parisino. Pero al menos consiguió sobrevivir, y en esta última década ha vuelto a la actualidad por medio de autobiografías, documentales sobre su vida y recopilaciones de sus canciones.
Seguramente el punto álgido de la carrera cinematográfica de Zouzou es “El amor después del mediodía” de Eric Rohmer, donde tiene uno de los papeles protagonistas. Pero tampoco hay que olvidar sus escarceos con el underground: fue la musa pre-Nico de Philippe Garrel (Marie pour la memoire, El lecho de la virgen, La concentración).
Zouzou también hizo sus pinitos como cantante. Creo que nunca llegó a grabar un álbum entero; tan solo una serie de EPs dispersos en los que la arroparon Jacques Dutronc y Donovan entre otros y que se recopilan en este álbum.
La cuna de cristal Le berceau de cristal Philippe Garrel, 1976
“Para mí, un plató ideal estaría simplemente formado por artistas: actores y un cineasta (...). Puedo hacer un film mudo enteramente solo. Godard dice que siempre es el productor el que hace estupideces, pero yo digo que siempre son los técnicos” (Philippe Garrel, 1978. Extraído del libro “Philippe Garrel: el cine revelado”, coordinado por Quim Casas).
“La cuna de cristal” pertenece a la época más oscura de Garrel, en la que rodaba con unos medios paupérrimos (con cinta caducada y sin ningún tipo de ayuda: tan solo él, los actores y una cámara). Normalmente, dichos actores eran familiares, amigos y su compañera sentimental durante casi toda la década de los setenta: Nico, la gélida musa de Warhol, que tras su paso fugaz por The Velvet Underground inició una carrera como cantante solista de una belleza críptica y solemne; la banda sonora perfecta para las películas de Garrel.
En “La cuna de cristal” no hay argumento, no hay diálogos, tan solo la música psicodélica y ululante del grupo alemán Ash Ra Tempel, que en ocasiones deja paso a la voz desnuda de Nico, recitando letras de canciones que publicaría varios años después en su álbum “Drama of exile”. Y, lo más impresionante, hay silencios que ponen la piel de gallina, ensuciados por las rayaduras y el mal estado de la banda sonora, acompañando a la perfección a las lúgubres imágenes.
Son imágenes estáticas, oscuras (Garrel utilizó velas como única iluminación en varias secuencias), vampíricas: es la clase de película que Will More filmaba en “Arrebato”, sustituyendo las secuencias a cámara rápida por la lentitud más exasperante pero también la más bella: en ocasiones parece que estamos viendo cuadros vivientes más que una película.
Con la estupenda "El hijo secreto" (1982) Garrel comenzaría una nueva etapa de su carrera mucho más convencional (aunque conservando en gran parte la austeridad y el ritmo pausado de sus películas anteriores). Así, Garrel obtendría por fin el reconocimiento merecido, pero no siempre consiguió superar el magnetismo salvaje de estas joyas de sus comienzos.
La copia que ha aparecido en emule procede de un vhs antediluviano (incluso aparece un molesto contador en la parte inferior de la pantalla durante toda la película), pero hoy por hoy es la única de forma de verla (salvo en ciclos especiales como los que el festival de San Sebastián o la Filmoteca de Madrid dedicaron a Garrel hace unos años).
Amenaza en la sombra Don't look now Nicolas Roeg, 1973
El género fantástico siempre tendrá un pequeño hueco en este blog, con la condición de que se aleje de los clichés de la serie B/Z, no contenga demasiada casquería y no trate al espectador como a un memo redomado.
No sé mucho de Nicolas Roeg, pero al repasar la filmografía de este director británico en la imdb, veo que tenía una querencia especial por poner a estrellas del rock (Mick Jagger, Art Garfunkel, David Bowie) de protagonistas en sus películas. Aunque en “Amenaza en la sombra” los roles estelares son para Donald Sutherland y Julie Christie.
Con el tiempo, “Amenaza en la sombra” se ha ganado una aureola de culto parecida a la de "El hombre de mimbre". Ambas juegan con el suspense y el terror pero de una forma bastante más sutil que la mayor parte de películas de este género, dejando a un lado los golpes de efecto más fáciles para ir construyendo lentamente un ambiente de tensión que termina por aturdir los sentidos, en el buen sentido de la expresión. Puede recordar al Polanski de “La semilla del diablo” o “El quimérico inquilino”, pero sin llegar a sus niveles de histeria ni a ofrecer un resultado tan apabullante.
No está a la altura de las películas citadas, pero yo he pasado un buen rato con esta historia de médiums y premoniciones en torno a una niña que parece volver del más allá para avisar a sus padres de un peligro inminente, todo ello ambientado en una Venecia invernal y fantasmagórica. Pongamos unas velitas para que en Hollywood tarden bastantes años en rodar el (inevitable) remake.
¿Y si nos comemos a Raoul? Eating Raoul Paul Bartel, 1982
El término “comedia negra” parece ir siempre asociado a la película que nos ocupa. Casi tanto como a “Harold y Maude” (Hal Ashby, 1971), obra que por desgracia no consiguió hacerme sonreír en ningún momento. “¿Y si nos comemos a Raoul?”, sin ser una obra maestra, al menos provocó en mí lo que solo algunas películas consiguen: que la votase con más de un 6 en FilmAffinity y que me apeteciese escribir sobre ella en este vuestro blog.
Los Bland (en castellano soso, rancio) sería el matrimonio más feliz de Los Ángeles sino fuese porque tiene serias dificultades para llegar a fin de mes. Por si esto fuera poco, su ciudad se ha visto invadida por una ola de libertinaje y desenfreno que pone un poco de los nervios a nuestros protagonistas, muy recatados ellos.
A partir de un desgraciado incidente, a los Bland se les ocurre que la solución más simple para poner fin a todos sus problemas consiste en anunciar en la prensa los servicios sexuales de la Sra. Bland, cargarse a sus clientes (a sartenazos) y quedarse con su dinero. Sorprendentemente, todo marcha bien hasta que entra en sus vidas Raoul, un cerrajero de métodos un tanto dudosos que dará un vuelco considerable al plan y a sus vidas...
“¿Y si nos comemos a Raoul?” se gana a pulso su estatus de película de culto gracias a su peculiar humor, un poco crudo pero al mismo tiempo amable (provoca más sonrisas que carcajadas) y, sobre todo, al encanto de la pareja protagonista: Paul Bartel (que también dirigió y escribió el guión) y Mary Woronov, actriz que debutó como chica para todo en la Factory de Andy Warhol: lo mismo aparecía en cintas como “The Chelsea Girls” que bailando la danza del látigo en los conciertos de la Velvet Underground. Aquí está sencillamente divina en su papel de asesina mojigata pero encantadora.
Otro aliciente de la película es que contiene la muerte colectiva más graciosa de la historia del cine, ¡y sin derramar una gota de sangre!
La inmortal L’immortelle Alain Robbe-Grillet, 1963
"La inmortal" (¡qué título tan bonito!) fue el debut de Robbe-Grillet como director, dos años después de haber escrito el guión de “El año pasado en Marienbad” de Alan Resnais. Como todo lo de Robbe-Grillet (lo que he visto; poco), un elegante trampantojo en el que nunca sabemos dónde termina lo vivido y dónde empieza lo soñado. Un exquisito catálogo de espejismos ambientado en Estambul e inmejorablemente descrito en la sinopsis oficial: “Un hombre triste conoce a una bella y enigmática mujer que puede estar implicada en una red de trata de blancas… o no”.
La copia no es muy buena, y no hay subtítulos en español. De nuevo tendréis que decidir entre verla así, o esperar a… a no sé muy bien qué, las películas de Robbe-Grillet son difíciles de conseguir hasta en Francia. Esperemos que, con motivo de su reciente fallecimiento, las cosas cambien.
Elink (versión original en francés con subtítulos en inglés incrustados)
Un director italiano que no conocía, Ermanno Olmi, al que tengo que investigar a fondo. Un protagonista (Sandro Panseri, una suerte de Antonie Doinel con timidez crónica: encantador) que apenas volvió a asomarse a la gran pantalla. Un joven que solicita un puesto en una gran empresa. En las pruebas de selección conoce a la chica de sus sueños. Ambos son contratados, pero en distintos departamentos, y lo tendrán difícil para volver a verse. Preciosa película.